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FOOD FOR THOUGH / COMIDA PARA PENSAR

Recientemente, España ha sido eliminada de la lista negra del MPAA sobre la piratería.
El hecho de ser considerada una nación “rebelde”, relegada a las sombras, muestra claramente no sólo el amor que siente nuestro país en obtener algo gratis, sino también el hambre que la población tiene por ver cine o televisión,  oír música y pasar el tiempo con vídeo-juegos.

Y no creo que sea una coincidencia que usemos palabras como hambre, consumo, apetito o gusto cuando estamos hablando de entretenimiento. Es, literalmente, (y elijo esta palabra, frecuentemente usada con precaución) algo que queremos obtener porque nos ofrece algún tipo de sustento.

La gran contradicción es que aquí en España, famosa por su jamón, su vino, sus chefs y sus restaurantes famosos, los “cocineros” que guisan el cine y la televisión, se contentan con la preparación de “platos” cinematográficos que pocas personas desean consumir.
Comida para pensar


El razonamiento ha sido durante mucho tiempo que la originalidad es más importante que el éxito financiero, las películas van a las fiestas del cine y a veces ganan premios y algunas, muy pocas, tienen éxito internacional. El público ha reaccionado del mismo modo. Se siente cada vez más incómodo con los créditos sin fin que aparecen antes de una película: Ministerio de Cultura, Junta de Andalucía, Generalitat de Cataluña, Xunta de Galicia, TVE, etc., etc. Como me dijo un amigo mío: hace dos días el público en el cine comenzó a abuchear al ver tanto crédito oficial y alguien gritó: “ya hemos pagado por esta película y ahora estamos pagando otra vez”.

El negocio debería estar basado en una idea, producto o servicio que alguien pudiera encontrar útil, agradable o necesario. Sin embargo, cuando todo el negocio se basa en la recolección de los subsidios y la búsqueda de atajos en todos los aspectos del proceso, el producto es menos importante. El cine español ha sido, durante demasiado tiempo, un restaurante boutique con una sola mesa y una sola silla y una cocina llena de cocineros que producen platos, sólo por ser diferentes.
Hay muchas excepciones, pero estas excepciones abandonan el país rápidamente o se convierten en iconos nacionales. Claro que el objetivo puede ser para muchos tratar de ser Ferran Adriá, pero primero tienes que aprender cómo hervir el huevo. Ahora puedes estar pensando que lo que sugiero es que nuestro cine debe aspirar a tener cocineros de comida rápida.

No precisamente, pero para volver al cine, ¿por qué la gente quiere producir películas en primer lugar? ¿Para entretener? ¿Para ilustrar/iluminar? ¿Para ganar premios? ¿Para ser original? ¿Para ser inteligente? ¿Por qué vemos películas? ¿Y por qué vemos tantas películas? ¿Por qué tantas personas se apresuran a ver las películas de los “Estados Unidos con éxitos en taquilla”? ¿Por qué todo el mundo sabe quién es George Clooney, pero la mayoría probablemente no podría decir quién ganó el Premio Goya de este año al mejor actor y mucho menos la película en la que actuaba?

El público que va al cine necesita sustento. Se ha convertido en una necesidad humana básica. Si tenemos hambre, no es normal ir a un restaurante Michelín con 5 estrellas, ni tampoco significa que solamos ir al Mcdonalds. Aquí en España, el jamón, el vino y los ingredientes son extraordinarios. Se puede comer como un rey. De hecho comer con la misma calidad costaría una fortuna en otros países. Los españoles no saben los afortunados que son hasta que comen en el extranjero (yo soy de Escocia, confía en mí, lo sé). En el cine pagas de antemano. La piratería es vista por muchos desgraciadamente, como una evolución lógica de la práctica que se aplica a películas, televisión y música. Los españoles, especialmente los que se sientan en la oscuridad abucheando los logotipos de las entidades que han otorgado subvenciones, han tenido demasiadas malas cenas y, a sus ojos, han tenido que pagar por ellas dos veces.

Spielberg dijo una vez que una película es como una hamburguesa y que él sólo trata de hacer la mejor hamburguesa jamás hecha. La tortilla española es algo que todo el mundo ha probado, puede ser buena o mala y puede hacerse con una tonelada de ingredientes diferentes. La única cosa es que, cuando está bien hecha a mano, para una cena más exigente, es algo que todo el mundo puede disfrutar y es algo que representa, a través de su elegancia y complejidad, algo que es esencialmente español. 

Scott Cleverdon 
VicePresidente Fundación de Interpretación Cinematográfica first team